Las crónicas de un continuo despertar 

17/Abril/2017

Arít León Rodríguez

 

La detención de Duarte la noche de este sábado 15 de abril, en el municipio Panajachel, Departamento de Sololá, en Guatemala, se da en un momento mediático importante para el gobierno de Peña Nieto, el cual esta en sus momentos menos favorables de todo su desfavorable gobierno.

Ha sido una semana de volar cabezas: A principios de semana era arrestado en Italia otro de los gobernadores prófugos, Tomás Yarrington, en busca y captura desde 2012.

Anegados de corrupción como estamos, en la ultima década al menos 20 gobernadores han sido investigados, detenidos o están prófugos de la justicia mexicana.

El punto es que, ahora resulta que la PGR hizo un sondeo y trabajo de inteligencia en Guatemala desde noviembre. La verdad es que ya nadie cree nada, ni duda nada.

Los comentarios no son buenos, puesto que la incredulidad ante la realidad del juicio a Duarte –si es que le hacen algún juicio- es avasalladora.

Nadie cree en la justicia mexicana.

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Oigan, las vacaciones de semana ya terminaron para la burocracia mexicana.

No para el gremio educativo, quienes siguen de vacaciones, tras arduas jornadas de trabajo en aula como usted y yo sabemos. Pero bien, tras el frenesí religioso y etílico que dejo esta semana santa, tras los gastos desaforados que dejaron el uso y abuso de los gustos culposos y los negocios que hacen de las suyas sin  miramientos y con desfachatez total, las reconvenciones llegan duras.

Con los pagos adelantados de las quincenas –en serio que eso da terror en una sociedad tan inculta financieramente- y los precios sobregirados pocas quincenas sobrevivieron intactas en estas fechas.

Sea usted creyente o no, vivió los efectos del frenesí.

Las tiendas y restaurantes vivieron parte del mismo y algunas, descaradamente subieron los precios como si el producto ofrecido fuera de al menos,  calidad. Pero no, malos productos, algunos descuidados y otros ridículamente presentados.

Anexémosle que como ciudadanía, somos un terror, una pesadilla, un caso tremendo de suciedad y descuido.

No entiendo como es posible que tantas personas sean tan sucias y descuidadas del espacio que llegan a visitar, en la cultura de “que alguien mas se responsabilice” no tienen empacho en dejar bolsas, latas, cristales y comida tirados en pisos y en plena playa, contaminando el entorno y el agua, dañando animales y vegetación.

¿Las sanciones?

Ninguna, es ridículo, pero esas mismas personas se cuidan de no hacerlo en playas exclusivas propiedades de los hoteles.

Duele ver las playas tras las visitas de los turistas, decepciona ver lo tóxicos que somos, y como se hace sorna todavía de esa falta de educación.