Las crónicas de un continuo despertar

13/marzo/2017

 

Arít león Rodríguez

 

Quienes estamos inmersas en la realidad que muchas personas niegan, hemos vivido una semana infernal. Niñas muertas, indiferencia social, información que aunque la lógica manifiesta como algo sabido hiere y ofende a quienes nos importa la justicia.

Empezando con México, es indigesto por decirlo de una forma, la manera en la que el nombre de Olinsser Castillo García, escolta de Alfredo Castillo Cervantes, titular de la Comisión Nacional del Deporte, desde que era subprocurador de Justicia del Estado de México, en la administración del entonces gobernador mexiquense y hoy presidente de México, Enrique Peña Nieto.

Cercanísimos.

Lo remarcable de todo esto es que ese sujeto estuviera en la casa de la niña Paulette Guebara, en las “investigaciones” de su desaparición el  22 de marzo del 2010.

Esa pequeña niña de 4 años tenia problemas de lenguaje y motrices y una familia inestable en extremo que denunció su desaparición y que consternó al país al ser encontrada muerta nueve días después, en su cama.

Nueve días y nadie, un escuadrón de policías, investigadores, la madre, el padre, la nana, lograron ver el cuerpo de una niña descomponiéndose en su cama.

La inestabilidad mental de la madre fue evidente, pero lo pasmoso fue la pasividad del padre en los eventos posteriores a su desaparición. Curioso.

Olinsser Castillo entro a la casa de la niña y se llevó la sabana que cubría su cama, -sin notar que la niña estaba ahí- erradicando toda posibilidad de tener indicios de qué pudo sucederle a una niña indefensa con incapacidad motriz.

¿Qué tendría que hacer alguien ligado a tan altas esferas sacando las sabanas de la cama de una niña muerta?

 

***

 

Guatemala tiene el récord de desaparecidos, hasta 45 mil según cifras de la ONG GAM, y que los menores de edad son los más vulnerables. Solo en 2015 la Alerta Alba-Keneth alarmó con una cifra de 6 mil desapariciones de niños y adolescentes, de los que más de dos mil siguen sin aparecer.

Es una entrada al comercio sexual, explotación infantil y el silencio.

Van 43 niñas que mueren quemadas y no hay ecos en las calles, autoridades repudiando el hecho de que los guardias que reciben un pago del estado por cuidar la casa hogar en donde eran resguardadas, eran sus violadores.

Niñas vendidas, niñas embarazadas, niñas y muertas por sus agresores.

Estas cosas suceden frente a nosotros y lo permitimos porque a las pobres, a las niñas morenas nadie las ve. No es un cliché, no es una ficción ridícula de apasionados por el activismo iluso: la realidad es que las mujeres, menos 43 niñas latinoamericanas no valemos socialmente lo mismo que una sola caucásica.