Editorial

9/febrero/2017

 

Ya antes de que Donald Trump tomara protesta como presidente de los Estados Unidos, sus discursos para muchos recordaban al fallecido presidente venezolano Hugo Rafael Chávez Frías; como Chávez, Trump carece de todo sentido democrático cuando se refieren a los medios de comunicación, y en especial los que cuestionan sus ideas.

Ha sido notorio sus desacuerdos con las cadenas CNN, The New York Times, ABC, NBC y cualquier medio de comunicación que le critique.

En su cuenta de twitter, suele llamarles “Fake News” o noticias falsas, y mantiene una postura fascista con todos aquellos que le debaten planteamientos a grado tal de que no se duda que pronto le digan al mandatario: “deme el celular”, desde el propio departamento de estado.

Los discursos donde Trump hace referencia a la prensa, parecieran la calca de cuando Chávez se refería a RCTV, Globovisión, El Universal o El Nacional de su país.

Los regímenes con secuelas fascistas, como fue el de Hugo Chávez o como es la presidencia de Trump, necesitan un enemigo para sobrevivir o proyectarse.

En Venezuela el enemigo era la derecha, la oposición y los Estados Unidos; en el caso de Trump son los migrantes, los musulmanes, los mexicanos y por supuesto, los medios que cuestionan sus posturas, y la idea de esos posicionamientos es patear al disidente como en los regímenes absolutistas.

La otra es que contrario a muchos países del hemisferio americano, EU cuentan con un sistema judicial independiente donde se pueden procesar demandas y donde los jueces pueden detener las acciones ejecutivas tal como lo vimos hace algunos días.

Estamos entonces ante un mandatario que no soporta la libertad de expresión y la valida siempre y cuando se acople a sus posturas extremas.

Esto es que no tiene adversarios para debatir sus ideas, sino enemigos y eso es lo peligroso.

Trump es una fábrica de enemigos, como ignorando la historia de que EU ya tenía bastantes como para que los incremente.