Editorial

26/enero/2015

La Voz Comitán

 

No es la primera vez que me asomo al tema tremendo de la delincuencia y sus consecuencias dañinas para la sociedad. No es tampoco la primera vez que me sorprende el morbo mediático que de esto deriva, que no es otra que la explotación por parte de los medios, generalmente electrónicos, de los hechos de sangre aprovechando el bajo nivel educativo e intelectual de nuestro pueblo, en aras de tenerlos enchufados a un canal u onda herziana mientras los hacen ver y oír chucherías publicitarias.

A esos medios, en el afán de lucro, no les importa el daño en imagen que le pueden generar a una localidad o a una entidad.

Así, en México padecimos las consecuencias del amarillismo institucional con que la Organización Mundial de la Salud manejó el caso de la influenza humana, sin medir el impacto que esto causó el turismo mundial -en año de crisis orbis-, generando el despido de 87 mil empleados -40 mil tan sólo en Cancún-, por la boca fácil de la secretaria general de ese organismo -que hizo más daño que la influenza misma-, quien señaló que en México había pandemia de esa cosa y no era – ni fue- para tanto.

Igual, con esa boca fácil, el gobierno federal perjudicó a la entidad con aquella publicidad que desplegó buscando desprestigiar el alzamiento indígena, y costó mucho trabajo cambiar la visión de Chiapas en el ámbito turístico y empresarial de las Europas y EU, para que las agencias recomendaran venir a la entidad.

Así que por ese excesivo morbo amarillista en los medios algunas instituciones optan por dar la información de que se trate, hasta que tenga todos los datos precisos. Saben que no tiene caso censurarlo o dilatarlos demasiado, pues ya hemos visto lo que genera la especulación popular que inventa lo que no es, o las llamadas redes sociales con sus cientos o miles de portadores de la verdad, algunos de ellos con el afán de descargar sus resentimientos políticos más recalcitrantes, sin medir el daño social, que en verdad generan con sus versiones más incendiarias que verídicas.

Ese asunto casi enfermo lo volvimos a vivir con Ayotzinapa; mientras el mundo acusa al gobierno mexicano, en el interior sabemos que nada que ver el gobierno de Peña –al que ya le quieren hasta implicar al ejército. El origen fue la determinación local de un PRD corrupto, que ampara a delincuentes como candidatos, y cuyos sicarios generan más disturbios y problemas de vandalismo que los ladrones mismos, además de que –como antes Tamaulipas, Veracruz, Tabasco- repercute nuevamente en los índices de imagen de la administración pública federal.

Los medios le dieron mucha vibra a esos muertos, y ahora ya no es tan fácil aceptar que no están vivos.