Tubo de ensayo

20/enero/2015

René Delios

 

reneYa habló el clero.

Una en el escenario nacional y otra en la aldea.

En la primera cuestionó a los llamados “chapulines”, y en la segunda a un magisterio que “no dañe el derecho de terceros en Chiapas”.

En ambos casos tiene razón la agencia de información con mayor cobertura milimétrica en éste mundo.

Porque una de las características sucias de los políticos mexicanos es su flexibilidad para tragarse y evacuar sus convicciones e ideales en aras de posiciones en busca de mercedes y privilegios.

El llamado chapulinismo no es privativo de algunas siglas; se produce lo mismo en la izquierda –cuatro-, que en la derecha –dos- o en el centro –otros partidos de los diez- de la porqueriza política.

¿Cómo se puede confiar en aquellos que, se arrancan la ideología solo porque algunos dirigentes en la loma no los eligen en medio de su megalomanía por alcanzar mejores estadios.

En todas las siglas se utiliza como uno de los múltiples recursos de los que hacen gala, para negociar a conveniencia incluso personal, el designar a un “externo” recién adherido. Lo hemos visto  lamentablemente en políticos probos, inteligentes, definidos, con carácter, formación intelectual y política, que dejan ir el prestigio a cambio de una nueva posición –nimia, diría yo- que dejan en claro de facto sus verdaderos propósitos, que nada tienen que ver  con servir al pueblo y al país. ¿Desechando su convicción partidista de toda la vida por un cargo?

Decepcionante en verdad.

En cada pada proceso electoral brincan los nombres de chapulines, y se dan incluso –lo vimos tanto en Chiapas- los que del PRI brincaron al ¡PRD! Y ahora militan en el PVEM;  se acumulan y se suman a los ya existentes que siguen a la búsqueda de continuar dentro del presupuesto público.

Traficar influencias aun el desprestigio que se ganan a pulso ¿Qué otra cosa buscan? ¿Servir al pueblo o no dejar la teta?

Lo dejo a su juicio.

La otra expresión del clero fue local para fue el magisterio de la sección siete, que no amerita mucho texto luego de la mala imagen que se han ganado a pulso, no solo por los paros, sino por la mala calidad de la educación que imparte, reseñada por la Cepal y la propia Unicef, lo que los tiene sin cuidado, y en esto me refiero a la CNTE y al SNTE, ambos a su modo, ruina de la educación del país, con su parte que le corresponde a esa dama vieja de la SEP.

El llamado a no dañar los derechos de terceros por parte de la otra anciana histórica y desmemoriada como lo es la iglesia, le es indiferente a la sección siete; ciertamente no se debe dejar morir el caso Ayotzinapa, la vibra debe persistir como calambre para éste gobierno mediocre de Peña –y los que sigan, pues Iguala envío a Corpus Cristi (1972) y a Tlatelolco (1968), removiendo y renovando la conciencia social en México-, en el entendido de que esos jóvenes están desaparecidos desde hace cuatro meses, y ubicarlos será muy difícil. Pero otra cosa es lucrar política y sindicalmente de ese caso lamentable.

El paro no va solucionar la desgracia; va a causar otras.

(Digo, el movimiento social más importante de América Latina a finales del milenio pasado, o sea, el EZLN, no se montó en Ayotzinapa, como otros abusivos).

Con mantas permanentes en la entrada de las escuelas, recordándo todos los días a los padres de familia que otros hijos como los suyos no aparecen, se reiteraría –por cientos de miles y miles de veces al día, a la entrada y la salida de los alumnos- que el gobierno federal es inepto.